¿Y si Dios fuera mujer?

Desde hace unas semanas la Cineteca Nacional proyecta una película muy sugerente, Le Tout Nouveau Testament (El nuevo Nuevo Testamento), dirigida por Jaco Van Dormael, la cual nos plantea a través de una inteligente, y por momentos muy oscura, comedia diversas cuestiones respecto a las religiones imperantes en occidente, a la vez que una profunda reflexión acerca de la existencia humana, la muerte, y, sobre todo, la vida.

¿Qué pasaría si en lugar de una figura masculina, el género de Dios fuese femenino? ¿Si en lugar de una trinidad, indivisible, Dios coexistiera con una esposa abnegada y sometida a las labores domésticas, un hijo que se rebeló a los 33 años, y una hija preadolescente que no tolera a su papá? ¿Si el cielo no fuese más que un departamento de interés social, donde Dios controla todo desde su computadora y desde la que crea las leyes que rigen al universo y se divierte creando los males que atañen a la raza humana? ¿Qué pasaría si Dios no fuera amor, y fuese en cambio, una figura antropomórfica energúmena y furibunda?

Cuestiones todas, unas completas herejías si se les aprecia desde las doctrinas sobre las cuales se fundan las religiones en occidente, pero que en cierta medida nos recuerdan a los dioses de las mitologías clásicas como la griega. Dioses provistos de grandes virtudes heroicas pero también de vicios muy humanos: dioses que conspiran, que mienten, que hacen el bien, que destruyen, dioses promiscuos, dioses que ríen, que se divierten, dioses más lúdicos que solemnes. Al mismo tiempo, la espléndida actuación de Benoît Poelvoorde en el papel de Dios Padre, nos recuerda la reflexión realizada  por el biólogo argentino-mexicano Marcelino Cereijido, en su Hacia una teoría general sobre los hijos de puta, en la cual busca demostrar las raíces naturales (casi genéticas) de la maldad humana, de cómo la maldad (que denomina “hijoputez”) está presente en los orígenes de la cultura occidental, en sus cimientos morales y religiosos, en la figura de una deidad que es capaz de hacer que un anciano sin descendencia por fin pueda tener un hijo para después pedirle que lo sacrifique en su nombre, una “hijoputez” fundada por su deidad, que extermina a capricho. En este sentido, la trama de la cinta resulta ser una blasfemia bastante divertida, con un trasfondo igualmente perspicaz e inteligente.

FOTO: quelibroleo.com

La comedia, no se centra en una crítica a las deidades, considerarlo así sería observar con una mirada exageradamente miope. Es una crítica a las costumbres y estilos de vida de las sociedades occidentales, sus etiquetas sociales, sus normas morales y jurídicas. No es una crítica a la cultura judeo-cristiana, es una crítica de las personas, y en este sentido, es una crítica profundamente existencialista. ¿Qué pasaría si la fecha exacta de nuestra muerte nos fuese revelada? ¿Qué pasaría si la madre de una persona con alguna discapacidad supiese que morirá antes que su hijo? ¿Qué haría el esposo que sabe que su esposa vivirá menos tiempo que él? ¿Qué culpabilidad tendría un asesino desprovisto de responsabilidad moral, al convertirse en ejecutor del destino determinado?

Una excelente película para reír y, sobretodo, para pensar nuestra cotidianidad.

 Publicado originalmente en The Mexican Times.

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