Un salario de condena

El fundamento mediante el cual existe lo que llamamos Estado, por el que se fundan las repúblicas, y por el que existen ciertos tipos de gobiernos denominados democracias, son las constituciones, ellas establecen las normas mediante las cuales los Estados habrán de funcionar para garantizar los derechos (a la seguridad, a la vida, a la propiedad, a la felicidad, según el liberalismo clásico) de sus ciudadanos. Las constituciones norman a los Estados, ellos deben cumplir lo establecido por los textos constitucionales, esto es lo que conocemos por Estado de Derecho, al tipo de Estado regulado jurídicamente.

Dicho lo anterior, vayamos a nuestra Constitución, que en su artículo 123, inciso A, fracción VI, establece que: “Los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos…”. Con fundamento en la Constitución, es claro que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) instrumentó una flagrante violación a la Constitución, al establecer el salario mínimo en 73 pesos, lo que implicó un aumento de poco más de 2 pesos respecto al anterior. Este salario no se corresponde con la línea de bienestar fijada por el CONEVAL, a la vez que se encuentra por debajo de la línea de pobreza establecida por este organismo, que estimó el costo mensual por persona de la canasta básica en noviembre pasado, conforme a la línea de bienestar mínimo, en 1,297.25. Las necesidades en el orden material, social y cultural de una familia no se resuelven con 73 pesos al día.

Mediante argumentos tecnocráticos tratan de justificar desde la CONASAMI porqué el aumento de poco más de dos pesos al salario mínimo es lo más saludable para la economía nacional. Sin embargo, más allá de toda suspicacia, resulta indignante, contrario a la búsqueda de condiciones para una vida digna de los ciudadanos del país, el sometimiento de la economía a intereses empresariales y patronales. Es inmoral que personajes como el presidente de esa Comisión, que percibe un salario anual de casi 3 millones de pesos (según la nota “¿Cuánto gana el hombre que decide que el salario mínimo en México de $73?” disponible en http://www.sopitas.com/560668-cuanto-gana-el-hombre-que-decide-que-el-salario-minimo-en-mexico-de-73/), condene a la pobreza a casi 7 millones de trabajadores que cuasi-subsisten con el salario mínimo.

El fin de semana pasado se aprobó un salario mínimo de condena, un salario mínimo que condena toda esperanza a mejores condiciones de vida a la población, pero sobre todo, que frustra un mejor futuro para nuestros jóvenes. ¿Es posible para un joven capitalino tener acceso a vivienda con el actual salario mínimo? La obvia respuesta es no. El costo promedio de la vivienda en la Ciudad de México ronda el millón 300 mil pesos. Con un salario de 2,190 pesos mensuales (es decir, 73 pesos diarios), un joven capitalino debería destinar su salario íntegro a la compra de su vivienda durante casi 50 años, pero como no podría destinar su salario exclusivamente al pago de vivienda, sino además a la compra de la canasta básica, este joven, como muchísimos más, estaría condenado a un futuro sin patrimonio, a un futuro de pobreza y de desigualdad.

La decisión de la CONASAMI no construye bien común, condena. Por esto, vuelvo a insistir, en la necesidad de ver desde una renovada perspectiva el papel de la economía, del manejo de las finanzas públicas, respecto a los beneficios o perjuicios de las y los ciudadanos, y no desde el viejo paradigma imperante en nuestro país, que es el del mantenimiento de los privilegios de la anquilosada oligarquía nacional. Si desde la política y desde la economía no generamos mejores condiciones de vida para nuestras jóvenes y futuras generaciones, no habrá un porvenir esperanzador sino peor, más desigual, más indignante, más violento. Si quienes tomamos decisiones públicas no estamos a la altura de las necesidades de nuestro país, de nuestras ciudades, habremos fracasado, habrá fracasado la política.

Publicado originalmente en: The Mexican Times

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