Trump, el muro y el odio

A lo largo del año pasado insistimos en muchas ocasiones, en este espacio, sobre los peligros de la práctica del odio y de la intolerancia como política, a partir de diversos sucesos ocurridos en distintas partes del mundo. La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, producto de un agotado sistema electoral que una vez más ha dado el triunfo a un candidato que no ganó con el voto popular, ha significado la entronización de esta forma antidemocrática de ejercer el poder, en el que se presumía un país de leyes e instituciones, ahora un país donde su gobierno se ha tornado personalista, como los de Venezuela, Cuba e incluso como algunos países musulmanes.

FOTO: infobae.com
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El nuevo inquilino de la Casa Blanca ha llegado a gobernar desde la visceralidad y el escándalo. Así lo ha demostrado en su primera semana de gobierno, con acciones ejecutivas que han echado para atrás diversas medidas en materia de seguridad social, derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, política migratoria, entre otros. Trump ha llegado y llegó para cumplir sus promesas de campaña, una campaña, como hemos insistido, de odio e intolerancia.

Sus primeros días, parecen anunciar un gobierno que pretende encerrar a Estados Unidos en sí mismo. Ha dejado cancha libre en la escena mundial a otros jugadores, como China, Rusia y Alemania, desde donde podría construirse un nuevo equilibrio de poder internacional, anunciando así el ocaso del poderío estadounidense. Para el mundo occidental esto se presenta en un momento crítico en el que se libra una batalla seria contra el Estado Islámico, y donde en países como Francia e Italia, también se presentan discursos demagógicos ultranacionalistas con probabilidades de hacerse del poder, lo cual, en conjunto, podría cambiar el rostro del mundo occidental como lo conocemos.

En lo que hace a México, la política trumpista significa una franca afrenta, que desafía a nuestra sociedad y nuestro gobierno federal. La respuesta de Peña a los anuncios de la construcción del ignominioso muro, han sido titubeantes, sin contundencia. Como si problemas no le faltaran al gobierno de Peña, en su momento más vulnerable, el episodio del muro puede ser la estocada final y fatal o la oportunidad de una moderada redención. Sin embargo, más allá del destino de Peña, el destino común nos obliga a sumar esfuerzos como sociedad, para hacer frente a una de las épocas más desalentadoras que parece vivir nuestro país, no solo por lo que Trump ha significado, sino por los mismos problemas internos.

FOTO: circulosonora.com
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Por Trump, pero no sólo por él, es importante vacunar al país, desde las diferentes trincheras sociales, contra todo forma de odio e intolerancia que atenten contra el reconocimiento pleno de la dignidad de las personas. Debemos impulsar por todos los medios que la política sirva para construir puentes de inclusión y de respeto, sociedades de paz, y no muros de exclusión, sociedades de odio y violencia. El reto no es menor, e implica el esfuerzo de toda la sociedad mexicana, que en sus diferencias y desigualdades debe ser capaz de encontrar reconciliación y fuerza para sobrellevar los días por venir.  

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