Transparencia y anticorrupción. La tarea de Acción Nacional para los siguientes tres años

Una de las diferencias entre democracias y los gobiernos no democráticos es la transparencia con que las autoridades ejercen sus atribuciones, transparencia en el uso de los recursos públicos pero también en el resto de sus acciones. Toda estrategia anticorrupción pasa por poner al ejercicio del poder político (y a quienes lo ejercen) en una posición visible a todos los ciudadanos y sin ocultamientos.

En el siglo pasado, el jurista austríaco Hans Kelsen nos enseñó que las democracias son las formas de gobierno del poder visible, es decir, donde todos los ciudadanos pueden ver su ejercicio y procesos de ejecución porque se encuentran cerca de él. En cambio las autocracias (o sea, los gobiernos no democráticos, autoritarios, totalitarios o de cualquier índole) son las formas de gobierno del poder oculto, del poder cuyo ejercicio se encuentra lo suficientemente alejado de los ciudadanos para ser visible. En este sentido, en las autocracias el poder político al no ser público (y visible) es un bien privado (y oculto), al respecto Kelsen señala:

[…] como la democracia tiende fundamentalmente a la seguridad jurídica, y por tanto, a la legalidad y previsibilidad de las funciones estatales, existe en ella una poderosa inclinación a crear organizaciones de control, que sirvan de garantía de la legalidad. De estas garantías, la más firme es el principio de publicidad. La tendencia a la claridad es específicamente democrática (Kelsen, 2005, p. 149).

En lo que toca al ocultamiento del poder, el jurista austríaco es puntual:

[…] dichos inconvenientes [las inmoralidades y las corrupciones de las democracias] se dan lo mismo en la autocracia, con la sola diferencia de que pasan inadvertidas, por imperar en ella el principio opuesto a la publicidad […]. Impera en la autocracia la tendencia a ocultar […], el empeño de mantener el temor y robustecer la disciplina de los funcionarios y la obediencia de los súbditos, en interés de la autoridad del Estado” (Kelsen, 2005, ibid).

En México, el Partido Acción Nacional se ha caracterizado por impulsar la transparencia (es decir, por hacer público y visible el ejercicio del poder político en términos abstractos), primero con la creación en 2002 del Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), ahora Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) y en este año con el impulso vigoroso del sistema nacional anticorrupción y las recientes declaraciones del Presidente del CEN, Ricardo Anaya, en lo que hace a la implementación de políticas de cero tolerancia a la corrupción en el interior del partido.

El presidente del PAN, Ricardo Anaya, ha presentado ante representantes de universidades así como de organizaciones civiles como Transparencia Mexicana, México Evalúa, Fundar, Integralia, la Red por la Rendición de Cuentas, el CIDE, el IMCO, ITAM y la UNAM, las propuestas de leyes secundarias del sistema nacional anticorrupción. De manera similar, el nuevo coordinador de la bancada del PAN en la Cámara de Diputados, Marko Cortés, ha marcado esto como principal prioridad del grupo parlamentario en la próxima legislatura.

Parte de la solución a la crisis de la democracia, de los partidos y de las instituciones en México pasa por recobrar la legitimidad fundada en la credibilidad de la ciudadanía en sus representantes y autoridades. Las opacas y confusas acciones del gobierno federal, de los gobiernos estatales, así como de los municipales han minado en gran medida nuestra muy endeble democracia. La falta de transparencia y la corrupción han arrojado dolorosos casos como los de Tlatlaya, Ayotzinapa, Ostula y el reciente asesinato en la Ciudad de México de un fotoperiodista, una activista y tres personas más, a la vez que han indignado la impunidad prevaleciente en los casos de la Casa blanca, la de Malinalco y el tragicómico papel jugado por la Secretaría de la Función Pública y su titular, Virgilio Andrade: todos estos casos exhiben la urgencia de poner en marcha un fuerte sistema nacional anticorrupción, que haga al ejercicio del poder por parte de nuestras autoridades y representantes más transparente, visible y cercano.

El futuro de la vida institucional y de la democracia en nuestro país tiene frente a sí el gran reto de darle credibilidad a nuestro sistema político. De no superar esta asignatura, la de la transparencia y la anticorrupción, difícilmente nuestra democracia, construida con mucho esfuerzo, podrá prevalecer.

Referencias:

Hans Kelsen (2005), Esencia y valor de la democracia, Ed. Coyoacán, México.

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