Ser hombre y feminista

En varias ocasiones hemos abordado el tema de la violencia de género en este espacio. Y estoy convencido de que es importante hacerlo. Ello me ha llevado a reflexionar sobre la importancia de la lucha contra las violencias y las desigualdades hacia las mujeres desde el otro lado, el lado de los hombres. ¿Pueden los hombres estar de lado de las mujeres en esta lucha? ¿Pueden los hombres enarbolar las banderas del feminismo? Para ambas preguntas, asumo que sí, y que no solo podemos, sino que debemos.

La desigualdad es un fenómeno presente desde los orígenes de la humanidad. Esta desigualdad fue posible tras la legitimación del dominio que unos ejercieron sobre otros. Proceso posible gracias a la acotada aplicación del concepto de dignidad humana, es decir, históricamente no todos contaron con la misma dignidad-rango de personas. Hubo, desde las opiniones dominantes en cada época, las personas verdaderas (con el derecho a dominar) y las sub-personas(los dominados). Más simple, en cada época ciertos individuos por el hecho de poseer determinadas características (religión, nacionalidad, color de la piel, condición económica, etc.) se adjudicaban el derecho de dominar a quienes no contaban con ellas: y una característica natural fue el sexo.

La razón por la cual, los hombres de las sociedades democráticas y medianamente ilustradas debieran ser feministas es una bastante elemental. Si erradicamos la desigualdad, nos volvemos más iguales (en cuanto a acceso a derechos), y siendo más iguales, seremos más libres (de ejercer los mismos derechos). Cada discriminación erradicada es una oportunidad ganada por las mujeres, es el reconocimiento de un derecho, de una libertad. Pero todo esto empieza por reconocer que los hombres gozamos de condiciones de privilegio que nos ponen en una situación de ventaja frente a las mujeres, y la primera de esas condiciones es de carácter natural: el sexo. La referencia sexo-genérica que mediante convenciones artificiosas (de nuevo, sociales, culturales, políticas) dotó a los varones del derecho de dominar y oprimir a las mujeres, reduciendo su existencia al ámbito doméstico, privado, mientras que la esfera de lo público sería para la masculinidad. Debemos empezar por descubrir esos privilegios, pero, además, renunciar a ellos, con la finalidad de lograr sociedades más pacíficas, menos opresoras y, por ende, menos desiguales.

Un hombre feminista es aquel que se inconforma con las violencias y las desigualdades que sufren las mujeres y que es capaz de descubrir los diferentes mecanismos de opresiones sociales, culturales, económicos y políticos que las oprimen, y sobre todo, que es capaz de mirar en sí y en su entorno, los usos y costumbres practicados consciente o inconscientemente mediante los cuales se domina u oprime a las mujeres por los hombres. El hombre feminista se inconforma y se solidariza con las mujeres, desde sus trincheras, en la denuncia pero, sobre todo, en la erradicación de las culturas de dominación. El hombre feminista es capaz de construir nuevos modelos de lo masculino, ya no desde el privilegio de ser hombre, sino desde la perspectiva del sujeto que construye e impulsa valores de igualdad, solidaridad y subsidiariedad con un género históricamente oprimido, el femenino. El fin último es que hombres y mujeres, sin distinción alguna, podamos acceder a los mismos derechos y libertades, asumiendo por supuesto, nuestras respectivas obligaciones.

Publicado originalmente en The Mexican Times.

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