¿Quién gana y quién pierde con la economía informal?

Las empresas y personas que forman parte de la economía formal normalmente son gravadas a través del IVA, ISR e impuestos a las utilidades empresariales. En el modelo de impuestos de suma fija y de generaciones solapadas, una persona joven busca maximizar su utilidad intertemporal sujeto a la restricción que contempla el consumo del presente ct, el ahorro para el futuro st+1 y el ingreso laboral wtlt junto el impuesto Tt. La decisión del agente joven es la oferta de trabajo. Con una utilidad de forma logarítmica: un aumento en Tt, provoca una caída del consumo y del ahorro generando un incremento de la oferta laboral, pues ahora el beneficio de hacerlo es mayor[1]. En Dreher et. al. (2005), se obtiene la misma conclusión (misma que es muy significativa): un incremento en la tasa impositiva, propicia menor informalidad, ya que los agentes incrementan su oferta laboral para poder alcanzar niveles de consumo y ahorro similares al que tenían previo al nuevo impuesto. Ahora bien, si en lugar de tener impuestos de suma fija, introducimos al modelo impuestos proporcionales al ingreso, los resultados cambian: en este problema con una función de utilidad logarítmica, un incremento de Tt provoca una caída en los recursos de los agentes más jóvenes (efecto riqueza) generando menor consumo y menor ahorro, pero también propicia que el agente joven trabaje menos al observar una caída en su salario (efecto sustitución); ambos efectos se cancelan mutuamente, no teniendo entonces razones para suponer que el peso de la informalidad en la economía cambie. Pero mientras estos cambios en las tasas impositivas generan decisiones racionales por parte de los trabajadores formales, en la informalidad los agentes se benefician con el anonimato. Por eso dos de los principales ganadores de la informalidad son los trabajadores y las empresas que viven en la informalidad pues perciben beneficios netos a través de los programas sociales (mismos que incluyen acceso a la salud, vivienda, guarderías, retiro, etc.), teniendo así un claro incentivo de quedarse donde están. Los perdedores, por el otro lado, son los empleados y las empresas de la formalidad, pues son ellos quienes con su trabajo y utilidades solventan la seguridad social, existiendo así una gran y grave distorsión en los incentivos en el mercado laboral: quienes pagan para formar parte de la formalidad, además subsidian a los free-riders de la informalidad. La informalidad además de este subsidio, otorga otras facilidades para los informales: puede ser más rentable ser empresa pequeña en la informalidad que crecer asumiendo los costos de la formalidad; y, mayor flexibilidad en términos de horarios, pues aunque los salarios pudieran ser más bajos, este tipo de empleo es mejor opción que uno formal. Desde este enfoque, quienes pierden son todas las unidades económicas que ven estancadas sus oportunidades de crecimiento, al tener que ser siempre ellos (caeteris paribus, sobre todo sin la existencia de una reforma fiscal que haga más grande la base fiscal) quienes cubran el pago de impuestos.

Otros de los agentes económicos que encuentran cabida en la informalidad y reciben ganancias netas, son las que logran conjuntar intereses y preferencias con varias personas o empresas, y que al tener poca identificación ideológica con los políticos en general, reconocen que su necesidad primaria es recibir dádivas y/o apoyos en términos de obra no necesariamente oficiales (escuelas, infraestructura, medios de transporte, permisos de comercio, acceso a créditos o programas públicos, etc.) a cambio de apoyo político. El Estado a partir de la recaudación de impuestos, tiende a su vez, a buscar a los grupos de interés organizados y pequeños de tal manera que pueda contar con aliados al momento de las elecciones. A diferencia del voto consiente que proviene de la labor del adoctrinamiento a través de programas, el político utiliza dinero público para financiar proyectos locales y obtener votos (pork). Esta política es focalizada, pues tiene como objetivo en la mayoría de las ocasiones beneficiar a la base del político en cuestión, así como la de los operadores que hacen llegar el apoyo (leaky bucket); teniendo que en un modelo bipartidista, en la medida que el apoyo vaya dirigido al voto duro, la transferencia será más efectiva. De este grupo de beneficiados, los que más alcanzan a recibir apoyo por parte del político son los que definen resultados electorales (Dixit, Avinash y Londregan; 1996).

Sin lugar a dudas, existen dos grandes perdedores con la existencia de la economía informal: el primero, son el grupo de empresarios formales que deben competir en circunstancias de desigualdad contra las empresas informales, ya que éstas están obligadas a cubrir mayores costos por la regulación, la seguridad social y la burocracia que lo que pagan las informales a burócratas corruptos para poder seguir existiendo. Esto conlleva, como se ha ya explicado, que la productividad de los factores en la informalidad sea menor, provocando entonces un menor aprovechamiento de las empresas formales de las economías a escala y que el crecimiento económico también se vea afectado; y el segundo, el Estado en sí mismo, pues además de afectar el crecimiento económico, la informalidad conlleva a que la legitimidad de las instituciones se vean mermadas con la presencia cada vez mayor de la corrupción.

Uno de los más claros ganadores con la existencia de la economía informal son los burócratas corruptos. Si bien en México los esfuerzos por transparentar el gasto han sido importantes, éstos siguen siendo insuficientes, gran parte del recurso público es utilizado por los políticos para adquirir beneficios personales. Cuando el poder de negociación relativo de los políticos es el óptimo, los derechos de propiedad y la asignación de recursos se convierten en menos transparente y cada vez más focalizados. Mucho del personal que colabora en las instituciones que recaudan impuestos o que ocupan espacios de decisión, dependen directa o indirectamente del gobierno, por lo que ellos son los únicos que poseen la información completa sobre cómo, quiénes y cuándo pagan impuestos; esta información es muy valiosa a la hora de establecer la mesa de negociación para promover una política.

Bibliografía

  • Dixit, Avinash y Londregan. 1996. “The Determinants of Success of Special Interests and Redistributive Politics”. Journal of Politics 58 (4): 1132-1155.
  • Dreher, A., Kotsogiannis, y McCorriston, S. 2005. How do institutions affect corruption and the shadow economy?; University of Exeter Discussion Paper.

[1] El incremento en Tt solo tiene efectos en los recursos disponibles del agente joven, es decir, no genera cambios en el precio relativo.

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