Mancera: tres años de claroscuros

El día 17 de septiembre el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México rindió su Tercer Informe de Gobierno. Y lo hace tras el descalabro electoral que sufrió el principal partido que lo postuló en 2012, el Partido de la Revolución Democrática, a la vez que su aprobación por la sociedad capitalina no termina por recuperarse. Inmediatamente de ese descalabro, realizó cambios en su equipo de gobierno. El gobierno de Miguel Ángel Mancera, postulado por una coalición de izquierda, sin militar en partido alguno, que se presentó como candidato ciudadano y habiendo obtenido un amplísimo margen frente a los opositores, dato histórico en los 18 años de vida democrática de la Ciudad de México, arroja resultados claroscuros.

Muestra de lo anterior han sido los diversos episodios que nos mostraron la propensión al diálogo del gobierno de Mancera, hasta ahora, una propensión en ocasiones endeble. Para muestra, basta recordar las constantes y sistemáticas represiones a diversos movimientos y manifestaciones, generalmente de jóvenes, no afines a su expresión política. Es suficiente mencionar los sucesos del primero de diciembre de 2012 y los operativos que resultaron en detenciones arbitrarias de jóvenes y estudiantes que decidieron manifestarse en contra de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto. O qué decir de la actuación del gobierno capitalino ante las primeras movilizaciones derivadas de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que resultaron también, en detenciones arbitrarias. Ese ha sido el sello casi policiaco que Mancera ha dejado en sus primeros 3 años de gobierno respecto a los derechos de expresión, manifestación y reunión.

La cerrazón que mostró el gobierno de Mancera durante el primer trienio, quizá encuentre su mejor imagen en el alza al costo del servicio del Sistema Colectivo Metro a sus usuarios, alzas que no terminan por traducirse en servicios de calidad que den certeza de seguridad a los capitalinos. Pero lo más peligroso y autoritario, se ha dejado ver en el diseño que el PRD hizo para el gobierno de la Ciudad de México en el proyecto de reforma política del Distrito Federal, en lo que toca a la integración de la asamblea constituyente.

Sin embargo, y a pesar de esos episodios de cerrazón, el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, coincidió en diversas ocasiones y de manera favorable, primero con el gobierno delegacional del PAN en Benito Juárez y en su quehacer cotidiano. Y en segundo lugar, al sumarse a la discusión propuesta por el entonces presidente del CEN del PAN, Gustavo Madero, en torno al replanteamiento del salario mínimo. Pero no sólo eso, sino que, además, su papel y esfuerzos en el impulso a la construcción de un nuevo esquema de movilidad para la ciudad, han sido notables y de reconocer.

A la nueva composición política, más diversa y representativa, de la Asamblea Legislativa de la ciudad, se le suman los cambios que el Jefe de Gobierno hizo en su gabinete, dando prioridad a perfiles ciudadanos, y de reputación y antecedentes considerables, como el de Patricia Mercado en la segunda posición en el esquema de gobierno del Poder Ejecutivo de la ciudad. Cambios, que nos hablan, en apariencia, quizá también en hechos, de la lectura que Mancera hizo del rechazo contundente de los capitalinos al PRD en las pasadas elecciones.

El Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera tiene todavía 3 años para reivindicar y corregir lo que pudo resultar mal en su primer trienio. Dejar atrás todo vestigio de intransigencia y empezar a construir un nuevo modelo de actuación y negociación política con las oposiciones, con la mira puesta, sobre todo, en lograr la ciudad que las y los capitalinos merecen.

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