La deuda pública de la Ciudad de México

Al hablar de la hacienda pública se hace referencia a los ingresos, los egresos y la deuda de una ciudad o país determinado. Por las fechas en las que nos encontramos es prioritario hacer un análisis y un diagnóstico puntual, objetivo y sin prejuicios partidistas de la situación que guardan las finanzas públicas de nuestra querida Ciudad.

En un ejercicio similar se encuentra la Cámara de Diputados, debiéndose traducir este examen en la integración y aprobación de una miscelánea Fiscal y de una Ley de Ingresos 2016 que sean responsables y coincidan con las expectativas económicas de nuestro país. Pero no podemos entender las estimaciones de ingresos y los potenciales destinos de estos recursos, sin comprender e internalizar el entorno económico nacional e internacional: temas como el precio del petróleo y la apreciación del dólar, incrementan en su importancia relativa.

Respecto al rubro de los ingresos, podemos decir que la Ciudad de México tiene excelente estado de salud, ya que mantiene un nivel de los ingresos superior al estimado año con año, promoviendo tener márgenes de error superiores respecto a otras entidades federativas. Por ejemplo el Distrito Federal es la entidad federativa del país que más recauda de impuestos y derechos locales.

Pero hoy no abordaremos el tema de los ingresos, ni siquiera el de los egresos, sino la deuda pública del Distrito Federal. La deuda pública genera desconfianza en la opinión pública y entre muchos analistas. Imagínense el déficit público. El déficit público se genera cuando los gobiernos deciden financiar parte de sus gastos mediante el endeudamiento con diversos órganos públicos y privados, en lugar de hacerlo a través de la recaudación de impuestos. Un gobierno tiene dos fuentes para poder gastar: la primera, los ingresos tributarios, es decir, a través de los impuestos que pagamos las y los contribuyentes; y segundo, el incremento de la deuda pública. La existencia de deuda pública implica que ésta, por el pago del capital más sus intereses, incremente su valor con el paso del tiempo. Es decir, opera como un simple préstamo entre privados.

Vale la pena detenernos en el punto anterior. Recordemos que el trasfondo de la debatible equivalencia ricardiana es que el consumo del individuo representativo en una economía no cambia ante la decisión del gobierno de financiar su gasto público mediante impuestos o mediante deuda. ¿Por qué? Porque en este modelo el individuo racional identifica que el gasto público financiado a través de mayor deuda significa, simple y sencillamente, un retraso en el pago de sus impuestos; por lo que sus decisiones de consumo y ahorro, no varían. Pero existe la visión contraria: el gasto público financiado con deuda es perjudicial para la acumulación de capital, ya que la existencia de impuestos establece un vínculo directo entre el uso de los recursos productivos y la carga que ello representa al agente privado. De esta manera, afirma que la sociedad prefiere sacrificar el consumo para el pago de impuestos, mientras que cuando existe alta deuda pública lo que se sacrifica es el ahorro, lo que termina afectando la generación de capital y de riqueza en una economía.

Por tanto, en esa lógica, la deuda pública se convierte en una auténtica opción para alimentar los ingresos propios de un gobierno, y más cuando ésta, como es en el caso del Distrito Federal, se destina a concretar proyectos de obra pública productiva. Nuestra duda surge a partir de que dadas las condiciones actuales de los ingresos de nuestra Ciudad, vemos amplias posibilidades de cambiar el recurrente incremento de la deuda pública. Nos preocupan dos temas particulares: el primero, que el Distrito Federal tiene una de las deudas per cápita más altas del país. Cada habitante de la Ciudad de México debe 7,538 pesos al cierre del 2014, mientras que cada poblana y poblano debe solamente 1,429 pesos.

Buscamos justificar o cuestionar la política recurrente de incrementar la deuda. Lo que se logrará a través de realizar un análisis exhaustivo del tercer componente de la hacienda pública de nuestra ciudad, sin prejuicios y sumándonos a los altos reconocimientos que el gobierno de la ciudad ha obtenido respecto al manejo de su deuda. Pero también, buscando que a través de este estudio profundo, tengamos más y mejores elementos para su potencial justificación en el próximo paquete económico a discutirse en el corto plazo.

Por lo que hace al PAN, buscaremos desde la ALDF que de manera profesional y objetiva, existacooperación de información entre los poderes ejecutivo y legislativo del Distrito Federal, ya que esta mutua confianza permitirá no solamente tener un poder público con auténtica visión federalista y con la vista puesta en ganarse la confianza de la sociedad, sino que además, fomentará la generación de propuestas para la resolución de los problemas de la capital del país. Hoy más que nunca, en la Ciudad de México la voluntad política se consolida como la base del quehacer político.

Publicado originalmente en: The Mexican Times

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