La CDMX y la reforma pendiente

Hace meses se anunció con bombo y platillo que la Reforma Política del Distrito Federal había sido aprobada, y que era turnada a la Cámara de Diputados para su discusión, y en su caso, aprobación. Luego vino el proceso electoral del pasado mes de junio con el que se renovó la Cámara Baja. Hoy la nueva legislatura federal tiene la asignatura de discutir dicha reforma.

La Reforma Política significa dotar a la Ciudad de México de una Constitución política y ya no de un Estatuto de Gobierno como existe en la actualidad. Esto implica el reconocimiento de diversos derechos a los habitantes del Distrito Federal, cuya ciudadanía será la misma que la de los demás ciudadanos de la República Mexicana. Adicionalmente, con la Reforma Política, se habrá de modificar la figura jurídica de las delegaciones políticas, pues esta reforma contempla una nueva división político-territorial, a la vez que la transformación de la burocracia capitalina.

Sin embargo, y más allá de los cambios de nomenclatura, la Reforma Política debe contemplar la resolución de ciertos dilemas que han acompañado la vida de la Ciudad desde 1997. En el Partido Acción Nacional en el Distrito Federal, observamos tales dilemas desde tres grandes temas.

El primer dilema tiene que ver con el muy complejo sistema administrativo del Gobierno del Distrito Federal. Esto se explica en razón de las múltiples funciones concentradas en el Gobierno capitalino y en el muy limitado margen de maniobra con que cuentan las Delegaciones. El aparato burocrático de la Ciudad de México es, por mucho, el más grande de las entidades federativas, aún sin ser Estado.

El segundo dilema se encuentra relacionado con la transparencia y el combate a la corrupción. Según el Índice de Transparencia y Disponibilidad de la Información Fiscal de las Entidades Federativas 2015, el Distrito Federal se encuentra en la posición número 25, por debajo del Estado de Colima. La poca claridad del destino de los recursos públicos en el Gobierno de la Ciudad así como en las Delegaciones, pero también en los Poderes Legislativo y Judicial del Distrito Federal, favorece constantes actos de corrupción. Por ello, la Reforma Política debe colocar los candados necesarios para evitar la corrupción y transparentar el uso de los recursos, pero también volver asequible el derecho de acceso a la información de las y los capitalinos.

El tercer dilema se basa en el actual contexto urbano con el que cuenta la CDMX ya que no brinda certeza a los empresarios y emprendedores capitalinos, lo cual desincentiva la inversión y la generación de nuevos empleos. Por lo tanto se necesita que la ciudad cuente con planeación urbana estratégica que desemboque en una capital ordenada, con asentamientos regulados, vialidades eficientes y una política de movilidad sustentable.

Para que la Reforma Política del Distrito Federal sea efectiva, es necesaria la discusión responsable de la Cámara de Diputados, que debe convocar a diferentes actores, políticos, sociales y académicos, a un diálogo informado de los problemas y retos de la Ciudad. Pero, sobre todo, la Cámara de Diputados debe actuar desde una perspectiva federalista, considerando las particularidades de la gran metrópoli y poniendo especial cuidado en las necesidades que tiene la Ciudad. De otra forma, si la Reforma Política no es tomada en serio, será solo un cambio de forma, de nomenclatura, que no tenga como consecuencia mejoras en la calidad de vida, de servicio y de gobierno para los residentes de la capital del país.

Publicado originalmente en: The Mexican Times

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