Informe vacío: gobierno vacío

El 2 de septiembre, el presidente Enrique Peña Nieto presentó su tercer informe de gobierno. Como no era difícil de anticipar, el informe no tocó los temas sensibles que marcaron el periodo 2014-2015. Un informe, completo, claro que presenta logros, ahonda en los retos y retoma las fallas y deficiencias, sin embargo, estas últimas no merecieron mención. En el citado periodo ocurrieron grandes desafíos, fallas, deficiencias y tragedias: Ayotzinapa, el escándalo de las Casas y la fuga de El Chapo, ejemplos de tres de las graves crisis que aquejan al país, como son la de derechos humanos, la de corrupción y la de seguridad.

El país marcha bien desde la perspectiva del Gobierno Federal, y la Presidencia de la República, arranca su etapa final con “muchas ganas y más fuerza”. Inicia la etapa del reciclaje. El vacío gobierno de Peña, ha optado por proponer un decálogo, como ha sido su costumbre, recordemos que el 24 de noviembre de 2014, Peña propuso otro decálogo en respuesta a las protestas por el caso de Ayotzinapa, decálogo que parece haber quedado en mero discurso.

El nuevo decálogo es una desorientada mezcla de propuestas: un decálogo que incluye por igual reformas al Estado de Derecho (leyes secundarias del sistema nacional anticorrupción, leyes antitortura, seguridad pública local), creación de una secretaría de cultura, inglés en las escuelas para los niños (otra vez), zonas económicas, entre otras. El combate a la desigualdad, por ejemplo, no figura como prioridad de este gobierno. Y no figura porque no pudo. La cruzada nacional contra el hambre y los nuevos clientelismos construidos a partir de tabletas, computadoras y televisores, fueron un rotundo fracaso según los datos que informó recientemente el CONEVAL.

A las tres graves crisis que caracterizaron el periodo 2014-2015, se le suman justo el de la desigualdad y la pobreza, y, por supuesto la económica. El escenario perfecto para el agravamiento, aún más, de otra crisis, la de la política y la democracia.

Si los actores de la política democrática fallan, como lo han demostrado, el surgimiento de líderes carismáticos, con, sin, o anti partido(s), con o sin arraigo democrático, impulsados por intereses económicos determinados, como ha sido el caso de El Bronco en Nuevo León, y de otros notables casos como parecen serlo el de Alfaro y Kumamoto en Jalisco, se vuelve un efectivo caldo de cultivo. Las pruebas las da la historia con casos, más o menos dramáticos: Fujimori en Perú, Chávez en Venezuela, Berlusconi en Italia.

Por ello, la intervención que requiere el país necesita de estrategias serias y puntuales. Por tanto, requiere de políticos serios y puntuales que implementen y promuevan dichas estrategias. Parte de estas propuestas, sugerentes y específicas, las han delineado y propuesto ya desde el Instituto de Estudios para la Transición Democrática en dos documentos, que en este momento, el gobierno federal y los legisladores, podrían bien revisar: Retrato de un país desfigurado (http://themexicantimes.mx/retrato-de-un-pais-desfigurado/) y Equidad social y parlamentarismo: argumentos para el debate de una época (http://www.diputados.gob.mx/sedia/sia/re/RE-AB-65.pdf).

Los diputados federales del PAN no acudieron a la presentación del decálogo. El mensaje simbólico del alejamiento del gobierno, debe convertirse en acciones puntuales ante las crisis del país. Y ello empieza por recobrar la autoridad moral que caracterizó al partido desde sus inicios y demostrar desde sus gobiernos locales y estatales como, efectivamente, Acción Nacional es una opción viable para recuperar la presidencia en 2018.

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