El triunfalismo de EPN

El pasado viernes, el Presidente Enrique Peña Nieto, anunció con bombo y platillo la detención de Joaquín Guzmán Loera. Calificó tal hazaña como una “misión cumplida”. El Chapo Guzmán, que por omisiones gubernamentales, es decir del Gobierno y de las autoridades designadas por Peña Nieto, había sido recapturado. Este nuevo capítulo de la historia de las detenciones (y fugas) de Joaquín Guzmán Loera, según los dichos oficiales, no es sino una reedición de la última detención pero con el escenario de una ciudad distinta y en un contexto de devaluación del peso frente al dólar como hace mucho no se veía.

Acto seguido, el discurso oficialista fue replicado por el duopolio televisivo así como por los principales medios de la prensa nacional. El domingo siguiente la revista Rolling Stone dio a conocer una entrevista y el fragmento de un video donde el capo mexicano respondía a diversos cuestionamientos. La entrevista, como es bien sabido, fue realizada por el actor Sean Penn, gracias a la mediación de la actriz mexicana Kate del Castillo. La respuesta por parte de la mayoría de los medios de comunicación mexicanos fue de condena y descalificación mediante un insistente, y pareciera que coordinado, discurso que versa sobre un supuesto contubernio entre la actriz mexicana y el capo.

El triunfalismo de Peña Nieto resulta, en sí mismo, una burda caricatura. No es posible celebrar la reparación de un error propio, los errores se corrigen y punto. La nueva captura del capo sinaloense fue posible, dijo el gobierno federal, gracias a la actuación coordinada y de inteligencia de las fuerzas policiales y de las fuerzas armadas. Esa misma inteligencia tan ausente en la búsqueda de los miles de desaparecidos, víctimas de la acción criminal de los cárteles del narcotráfico. Actuación “coordinada” que no se ve en el resto la operación del gobierno mexicano.

Durante la clausura de la reunión de embajadores y cónsules, el viernes pasado, el Secretario de Gobernación Osorio Chong dijo que se han detenido 98 de los 122 delincuentes más buscados del país, y que ya no “representan un peligro” para la sociedad. Y, ¿Cuándo el resto sea capturado, qué sucederá? En el video dado a conocer por Rolling Stone, responde:

No pasará nada, el problema del narcotráfico no se resuelve capturando, solo, a las cabecillas de los cárteles, pues debajo de ellos hay poderosas estructuras económicas y criminales, maquinarias capaces de operar con cabezas o sin ellas.

Tras esta celebrada captura, Enrique Peña Nieto dijo en un mensaje a la nación:

Se trata de un logro en favor del estado de derecho… resultado de la coordinación de nuestras fuerzas armadas, de la policía federal, de la Procuraduría General de la República contra la impunidad… Hoy México confirma que sus instituciones tienen las capacidades necesarias para hacer frente y superar a quienes amenazan la tranquilidad de las familias mexicanas.

Nada más falso. No es un logro, es la corrección de un error que pudo prevenirse. Es un acto que contra la corrupción que desembocó en la segunda fuga del capo. Si es un acto contra la impunidad, es algo que habrá de verse en el futuro. Estado de derecho e impunidad son dos términos antitéticos. El primero sirve para describir justo lo que no ha promovido el gobierno de Peña, y el segundo para, al contrario, describirlo. Un estado de derecho vituperado desde las mismas instituciones que ordenaron las ejecuciones extrajudiciales de Tlatlaya, o de las involucradas en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, o incluso las que exoneraron al presidente de su conflicto de interés en el caso de Higa y la Casa Blanca, por no hablar de aquellas instituciones que omisas han dejado intactos a los narcogobernadores Tomás Yarrington o Eugenio Hernández Flores. Tanta impunidad abruma, al grado de poder distinguir entre el supuesto nuevo PRI del viejo.

Las instituciones fuertes, lo son en razón de la general impartición de justicia, no, como se ha visto, de una selectiva impartición. Más allá del espectáculo mediático en que ha resultado la detención de ElChapo Guzmán, debemos exigir a nuestras instituciones fortalecer el estado de derecho, no hacer caricaturas de él. Con o sin El Chapo, difícilmente, las familias mexicanas conocerán la tranquilidad.

Publicado originalmente en: The Mexican Times

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