El PAN y la ética laica: Un PAN para todos

En otras ocasiones he reflexionado, en este espacio, sobre la esencia democrática del Partido Acción Nacional y sobre las implicaciones de ser un partido democrático. Sin embargo, a muchos correligionarios se les olvida eso, y en cambio pretenden, invocando e interpretando, cual escolásticos, nuestra doctrina, hacer del PAN un partido-iglesia, que como enseñó Klaus von Beyme, son la clase de partidos representativos de los sistemas totalitarios (pensemos en el Partido Comunista o en el Partido Nacional Socialista), cuya característica es la regulación total de los militantes a partir de la ideología (o doctrinas o misticismos) partidista: el partido no busca solamente incidir en la convicción política del militante sino que, además, busca moldear, determinar sus convicciones personales, estilos de vida, etcétera.

Bajo la excusa de la correcta, e infalible, interpretación doctrinaria, estos correligionarios, conservadores, se constituyen en nuestra Santa Inquisición, los persecutores de los que piensan diferente o entienden de forma distinta la naturaleza, vocación y trabajo del PAN. Con discursos plagados de revelaciones e incontables verdades absolutas, estos personajes se adjudican la guía del PAN en asuntos morales, lo que genera la impresión ciudadana de que el PAN es un partido oscurantista. La imposición de verdades absolutas asfixia a la democracia interna, la imposibilita, porque corta de tajo la existencia del pluralismo y la diversidad de ideas, lo cual evita que exista lo que toda organización democrática requiere para ser, precisamente, democrática: pluralidad de opciones y el contraste de éstas por medio del debate y de la discusión racional y razonable.

Por la necesidad de pluralidad y diversidad en las organizaciones políticas democráticas, la ética asumida puede ser solamente laica, es decir, ajena a las pretensiones totalitarias de las verdades últimas y absolutas que dividen a la organización entre los portadores de la verdad y los portadores de la mentira (y que por tanto deben ser erradicados). Para que el PAN viva como partido democrático tiene la exigencia de debatir y discutir en su interior, tiene la exigencia de garantizar el derecho al libre pensamiento de sus militantes, sin acoso, sin persecución.

Nadie, en ninguna organización política democrática, puede asumirse portavoz de la organización. En este sentido, la postura del PAN respecto a la propuesta presidencial de los matrimonios igualitarios debe ser discutida a la luz de la razón y no de los prejuicios. Por un lado, se le debe recordar a la Vicecoordinación de Contraloría y Transparencia del PAN en la Cámara de Diputados que las posturas del partido no se asumen de manera unilateral y mucho menos derivadas de las convicciones personales de su titular. Por otro lado, es antidemocrático, y contrario a la promoción de la cultura de los derechos humanos la discusión del reconocimiento de derechos, los derechos están ahí, esperando a ser reconocidos y no concedidos por gracia de una supuesta mayoría. El PAN del siglo XXI, como nunca antes, tiene la obligación como partido democrático, de dar la lucha por el reconocimiento de los derechos de todas las personas, solo así el PAN demostrará en los hechos que quiere ser un partido para todos quienes están comprometidos con los valores de la cultura democrática.

Publicado originalmente en The Mexican Times.

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