El INEGI y el país sin pobres

Durante mucho tiempo el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha sido un instrumento mediante el cual los ciudadanos han ejercido su derecho a la información, por un lado; y por el otro, se constituyó como el principal generador de datos y cifras, confiables y certeras del país. Esto fue posible en gran medida a la autonomía de la que fue dotado. Su credibilidad y autonomía se vieron severamente cuestionadas cuando en un hecho sin precedentes, el INEGI publicó los resultados del instrumento “Módulo de Condiciones Socioeconómicas”, encuesta a partir de la cual el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), evalúa las políticas sociales y la pobreza en el país.

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EL INEGI alteró, sin aviso al CONEVAL, destinatario de la información recabada, las preguntas así como la metodología del levantamiento de la encuesta, ello generó alteraciones evidentes en los resultados, por ejemplo, señala el economista Ricardo Becerra (en su artículo “Un acto fallido (o novatada) en el INEGI”publicado en La Crónica, del pasado 18 de julio),

“el ingreso corriente no monetario (el ingreso que no proviene del salario) se incrementó hasta en un 126 por ciento (recuerden que el año pasado se regalaron millones de pantallas en las zonas más pobres del país y tuvimos elecciones a pasto, entre otras cosas por eso no era un buen año para experimentar)”.

Además, al resultar en un instrumento nuevo, el INEGI deja al CONEVAL desprovisto de información y datos comparables, es decir, los criterios con los que el CONEVAL venía midiendo la pobreza y la desigualdad del país no son comparables con los alterados por el INEGI, ello hace que hoy por hoy no tengamos una imagen precisa de la pobreza en México, y con esa decisión se ha borrado de un plumazo a millones de pobres, cuyo destino estadístico desconoceremos por lo menos este año.

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La decisión del INEGI, más allá de su argumentación técnica, genera suspicacia. Una suspicacia alimentada por el mal desempeño económico del país, el creciente aumento del dólar, así como el reciente gasolinazo. Muchos pueden ver en esto la incidencia de Los Pinos con una estrategia para maquillar la pobreza que hay en México. Lo cierto es que con esta decisión, se ha echado por la borda casi una década de información recabada, cuyos parámetros fueron diseñados con ayuda de organismos internacionales, académicos y expertos en la medición de la pobreza.

Sin información certera y confiable, se carece de un horizonte respecto al cual dirigir los esfuerzos contra la desigualdad y trazar la dirección política social nacional. Detrás de la opaca decisión del INEGIy sus funcionarios no hay un solo argumento válido y con peso para haber dejado al país sin información comparable. Las dudas de Becerra son puntuales:

“Si se trataba de mejorar; de ‘perfeccionar’; si estamos sólo ante un ‘ejercicio experimental’ cómo dicen algunos voceros del INEGI ¿por qué no lo comunicó al CONEVAL, porque no lo anunció desde el principio, lo puso a disposición de los especialistas y de la opinión pública?”

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