El fundamentalismo del odio y la violencia

Hace siete días Francia volvió a ser azotada por un nuevo acto terrorista que dejó un saldo de al menos 84 muertos y un centenar de heridos. De nuevo, este hecho fue auto-adjudicado por el Estado Islámico, el cual ha emprendido su guerra santa contra Occidente y aquellos países que le acosan; sin embargo, la violencia y el odio, promovido desde los fundamentalismos religiosos y políticos, no solamente atormentan a Europa. En América, las retóricas intransigentes han arribado con estridencia este año en el lado norte del continente.

El magnate estadounidense Donald Trump doblegó al Partido Republicano a la vez que polarizó el ambiente político de aquel país. Con un discurso de odio, caracterizado por su xenofobia, y con la elección del gobernador ultraconservador de Indiana, Mike Pence, se han erigido como los redentores de los “agraviados” por las “minorías” a través de una retórica excluyente, que enemista a la sociedad estadounidense, y que reaviva lo más radical de ella: el discurso del Ku Klux Klan no se encuentra muy alejado de las posiciones de Trump y de Pence, recordemos que este último es conocido por  promover una ley de libertad religiosa que permitía a empresarios negar servicios a personas homosexuales, tras considerar que atentaba contra sus creencias religiosas.

Por otro lado, en México, los discursos de odio e intransigencia han servido para sembrar en la sociedad división y la potencial violencia. Tras la propuesta presidencial de constitucionalizar el matrimonio igualitario, grupos conservadores de diferentes signos (religiosos y seculares), han arreciado sus campañas de rechazo a la propuesta, y con ello de violencia hacia la población LGBT. El clero y las cúpulas de ministros de diferentes iglesias han orquestado manifestaciones con discursos claramente excluyentes, de condena, que pueden convertirse en excusas de actos violentos.

El Estado Islámico, Trump, y los ultraconservadores mexicanos, guardan rasgos comunes: parten de fundamentalismos para justificar sus discursos. Sin embargo, el Estado Islámico es el claro ejemplo del fundamentalismo provisto de armas y capacidad fatídica, de un fundamentalismo que, como los de Trump y los enemigos de la propuesta de Peña Nieto, atentan contra el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, generando la percepción de la existencia de bandos portadores de la verdad, y bandos portadores de la mentira.  Vivimos tiempos lastimosos, donde el odio es sembrado mediante retóricas dogmáticas (tanto en Estados Unidos como México), que si no son evidenciadas y combatidas, en un futuro no muy lejano, podrán cosechar violencia. Veamos en el Estado Islámico, el claro ejemplo de un fundamentalismo sin frenos. Algo que no queremos para nuestras naciones y ciudades.

Publicado originalmente en The Mexican Times.

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