¿Cómo van las finanzas de la CDMX?

Existen temas particulares de las finanzas públicas de nuestra ciudad que se han hecho bien en el último año de gobierno de Miguel Ángel Mancera. Eso lo dejamos claro en la pasada comparecencia del Secretario de Finanzas ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Dentro de los aciertos del GDF en materia financiera se encuentran las medidas simplificadoras que se pusieron en marcha. Modernizar el sistema tributario, y así permitir el pago oportuno propició, entre otras cosas, el incremento de los ingresos propios, pasando de 69 mil 179 millones de pesos en el 2013 a recaudar 81 mil 861 millones de pesos en el 2014; lo que significa una cifra récord y un incremento del 13.8 por ciento respecto al año anterior. En economía solamente existen causalidades. El incremento en la recaudación de diversos impuestos, como lo son el predial y la tenencia o uso de vehículos; así como la creación de beneficios e incentivos fiscales para el cumplimiento de las y los contribuyentes de esta ciudad capital, crecieron, entre otras variables explicativas, por su esfuerzo en la modernización tributaria, entendida como la diversificación de las formas de pago. La sencillez administrativa para optimizar la recaudación, invariablemente es un logro.

El segundo tema particular es el manejo responsable de la deuda. Si bien el saldo de la deuda al cierre de junio de este año no es menor y nos coloca como la Entidad Federativa más endeudada del país, la deuda es manejable, ya que representó únicamente el 2.2 por ciento del Producto Interno Bruto local, menor al 2.9 del promedio nacional. Acabemos con los mitos. La deuda per se no es negativa, ya que funciona como fuente de ingresos adicional, siempre y cuando se emita con seriedad y responsabilidad. Sin embargo, la deuda per cápita sí, pues el Distrito Federal ocupa el quinto lugar del país; así como valorar si en efecto, dados los excedentes de ingresos se requiere contratar más deuda que algún día terminaremos pagando las y los capitalinos.

Pero no todo está bien. Basta contrastar con la realidad que vivimos las y los capitalinos en términos de justicia, eficiencia y transparencia.

El costo que genera a las finanzas públicas capitalinas los estímulos fiscales contenidos en el Código Fiscal del Distrito Federal y que pretenden funcionar en beneficio de la comunidad. Me refiero a los gastos fiscales, ya que aún no queda claro a qué sectores o agentes económicos en particular benefician estos estímulos. No critico el ayudar a quien más lo necesita, al contrario. Una ayuda bien focalizada es una política social óptima; pero la existencia de estímulos fiscales sin identificar su incidencia económica, implica una pérdida en bienestar social.

Otra insuficiencia ha sido la carente visión federalista que impera en la política de gasto. Muchos años escuchamos a los distintos Jefes de Gobierno buscando el pleno reconocimiento al Distrito Federal en términos de diversos puntos: el primero, lo que nuestra ciudad capital aporta al Producto Interno Bruto del país.

Segundo, la cantidad de personas que habitamos aquí, así como la gran cantidad de población flotante que recibimos por la infraestructura de la ciudad, derivando en la existencia de los costos de congestión vial, de servicios de salud, de seguridad pública y de subsidios.

Y tercero, ser la sede de los poderes federales y de gran parte de la Administración Pública Federal. Este discurso utilizó como principal argumento el federalismo. Sin embargo, el gasto ejercido en lo que llevamos del año por las Jefaturas Delegacionales es apenas el 16.54%. ¿Es justo que las Delegaciones ejerzan este porcentaje cuando son ellas las que escuchan y atienden muchas de las necesidades de las y los vecinos de la Ciudad de México? Me parece que no. El Fondo de Capitalidad en la Ley de Coordinación Fiscal, debe contemplar que por lo menos el 20% se dirija a las Jefaturas Delegacionales.

Por último, esperamos que para las grandes obras pendientes en la ciudad, como la extensión de las líneas del metro y el deprimido Mixcoac, además de escuchar a las y los vecinos, el GDF nos muestre y haga público el costo y beneficio esperado de cada proyecto; así como el monto y procedencia de los recursos que se habrán de utilizar, porque en su mayoría son recursos federales y procedentes de endeudamiento, por lo cual el compromiso en monto y resultados debe ser claro. No queremos una sorpresa de dimensiones mayúsculas como la de la línea 12, que al inicio costaba menos de 20 mil millones y terminó costando más de 50 mil millones pesos, y que hoy seguimos pagando las y los capitalinos. Estamos seguros que para el ejercicio fiscal del próximo año habrá muchos más recursos para seguir colocando al peatón y a los medios de transporte alternativos al automóvil como prioridad.

Si bien las finanzas públicas constituyen un tema sumamente técnico, las políticas de ingreso y gasto se deben traducir en mejores condiciones de vida de quienes habitamos la capital del país. Tenemos enormes áreas de oportunidad en las finanzas públicas de la ciudad.

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